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Affor, Prevención Psicosocial.

¿Mis manías son obsesiones? ¿Y qué hay de las supersticiones?

No soy supersticioso porque trae mala suerte…
Andar por la calle sin pisar las líneas de la acera, o cruzar el paso de peatones pisando sólo lo blanco… tener algunas cosas perfectamente ordenadas o clasificadas y notar inmediatamente si alguien ha tocado algo en mis cosas… tener el mismo orden siempre para vestirme… comprobar un par de veces que he cerrado bien el coche o que la vitro está apagada… mi boli de la suerte para exámenes importantes… no poder quitarme una canción de la cabeza… no contar algo porque si no “no se cumple”… sentarme siempre en el mismo sitio…


Seguramente te habrás sonreído al leer algunos de estos ejemplos y reconocerte en ellos. La mayoría de las personas hemos tenido alguno (o varios) de estos comportamientos alguna vez. En su versión más leve nacen de lo que llamamos PENSAMIENTO MÁGICO, que sería algo así como pensar que existe una conexión entre un comportamiento y un suceso, sin que a nivel racional tengan relación, como el hecho de que pasar por debajo de una escalera estropee la entrevista de trabajo a la que te diriges.
Este fenómeno nace de la NECESIDAD DE CONTROL que los seres humanos tenemos frente a lo que nos rodea. Si algo me preocupa o me importa, necesito sentir que PUEDO HACER ALGO AL RESPECTO. La idea de la suerte (tanto la buena como la mala) hace referencia a algo que pensamos que no depende de nosotros, sino del azar, lo que nos deja cierto sentimiento de indefensión… Creer que mi vida se rige por la buena o mala suerte equivale a pensar que no puedo hacer nada por cambiar mis circunstancias y entonces empiezo a buscar comportamientos que sí puedo controlar: la camisa que me pongo, huir de los gatos negros y los números 13, no nombrar “esa enfermedad que me da tanto miedo”, etc. Al final, lo cierto es que buscamos cierta seguridad o confianza que no encontramos en nosotros mismos, por baja autoestima o una autocrítica dañina en muchas ocasiones.
Pero… ¿CUÁNDO MIS MANÍAS SE CONVIERTEN EN UN PROBLEMA? ¿Cuándo pasan a ser obsesiones? En líneas generales, podemos decir que un criterio diferencial es el grado de sufrimiento que uno experimenta si no puede realizar esas “manías”. Es decir, ¿qué sucede y cómo me siento si no puedo volverme a comprobar que el coche/la vitro/la puerta están bien cerradas? El nivel de angustia y la dificultad para cambiar el hábito suele ser una señal de alarma. Otros elementos diferenciales son el tiempo invertido, la limitación para la vida de esa persona y de los que viven con ella. Lavarme las manos antes de comer no es un problema lógicamente, pero sí lo es necesitar lavarme las manos cada vez que toco algo que no es mío, o lavarlas varias veces y en ocasiones con productos agresivos para la piel.
Esos comportamientos rituales generan cierta sensación de tranquilidad en la persona, por haber eliminado lo que vive como un peligro y por dar cierta sensación de control. El principal problema de ese ciclo obsesión-compulsión es que el ritual cada vez calma menos y durante menos tiempo, por lo que la persona necesita repetir más veces y el nivel de angustia es mayor. Es como si nuestro cuerpo y nuestra mente hubieran aprendido que la única forma de estar en calma es hacer ese ritual, por lo que va tomando más fuerza y es más difícil de controlar. Ésa es la base del Trastorno Obsesivo-Compulsivo. La mayoría de las personas con este diagnóstico saben que son pensamientos ilógicos, pero sienten que no pueden evitar tenerlos y hacer el ritual asociado.
Hazte la siguiente pregunta: ¿SOY LIBRE DE MIS MANÍAS? ¿Puedo elegir no hacerlas sin que suponga un problema o me genere malestar? Si tu respuesta es SÍ, ¡ponte a prueba! Será una forma de que te sientas fuerte frente a esas “manías”, que seguramente no tienen más importancia que el hecho de que todos tenemos nuestras peculiaridades y preferencias.
Si la respuesta es no y además sientes que te limitan en algún aspecto, recuerda que es algo que puedes trabajar y afrontar. Afortunadamente, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) es uno de los trastornos con un tratamiento más estudiado y de probada eficacia, que aborda tanto el manejo de la ansiedad que producen los pensamientos como la creencia de base y los rituales que lleva asociados. Decide si quieres ponerle freno y recuerda:


Pedir ayuda no es ser débil, es tener la humildad y fortaleza de reconocer que necesitamos aprender y mejorar.

Sobre el autor

Irene Nuevo Delgado

Irene Nuevo Delgado

Directora del Centro
Psicóloga Colegiada: AN-05353
Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria
Master en Terapia de Conducta UNED. Tutora de prácticas de dicho Master
Certificado EUROPSY Especialista en Psicoterapia
Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Estrés, Trastorno Obsesivo-Compulsivo, Trastornos de Personalidad (especialmente TLP), Síndrome de Asperger y Trastornos Adaptativos.

 

Más sobre mí...

Dicen que todos los que estudiamos Psicología lo hacemos por alguna experiencia personal. Aunque creo que todos tenemos, de uno u otro modo, una huella de nuestro recorrido vital, sé que la mía viene de una familia numerosa, de un matrimonio con cuatro hijos, de los que yo soy la única niña. Con un hermano mayor con discapacidad intelectual, nací siendo la segunda y sabiendo que sería la hermana mayor, en un entorno que me ha enseñado muchas, muchas cosas…
De mis padres he aprendido la paciencia más infinita (¡aún me falta recorrido para acercarme un poquito a ese nivel!), la capacidad de entrega, la posibilidad de ser iguales en nuestras diferencias y un sentido de responsabilidad grabado a fuego con el que me peleo de vez en cuando. De mi familia he recibido la capacidad de reírnos hasta de nuestra sombra, de jugar juntos hasta pelearnos para después reconciliarnos y “aquí no ha pasado nada”, de compartir y de identificar lo que es tuyo, que también es algo sano.
Supongo que cuando decidí estudiar Psicología no resultó extraño a nadie. Siempre supe que mi vocación era la rama sanitaria y, ante la incertidumbre laboral propia de la época de estudiante, quise exprimir y disfrutar al máximo las posibilidades de esa etapa, no sólo en la faceta social (¡qué tiempos aquellos!), sino haciendo voluntariados y prácticas que me permitieran “palpar” las posibilidades de desarrollo de mi profesión. Aunque en un principio pensé que trabajaría con niños, fue el azar el que quiso que me iniciara en el trabajo con adultos y adolescentes, población con la que he desarrollado toda mi carrera y con la que sigo aprendiendo cada día.
Me apasiona mi profesión, ayudar a las personas a reconciliarse consigo mismos, con sus virtudes y defectos, a reencontrarse con su parte más sana, a ponerse metas y luchar por ellas para seguir creciendo. Me encanta sentir que aprendo cada día. Y sí, también en mi trabajo, me gusta conseguir que la risa forme parte de nuestra medicina.

 


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