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Affor, Prevención Psicosocial.

Tengo Ansiedad, ¿me estoy volviendo loco/a?

Hace unas semanas comencé a pensar sobre qué podía escribir en esta ocasión, en mi escritorio le di vueltas a la cabeza recordando algunos de los casos a los que he podido atender, sin embargo, lejos de mi intención, apenas encontraba ideas que me resultaran estimulantes. Posiblemente la proximidad de las vacaciones favoreció la baja creatividad. Para mi gran suerte, días después, alguien volvió a hacerme aquella pregunta que en otras ocasiones había escuchado en consulta: "¿Me estoy volviendo loco/a?"

La pregunta me fue lanzada tras escuchar una lista de síntomas que la persona había detallado a lo largo de la sesión: dificultades para dormir, baja atención y concentración, taquicardias, sudoración excesiva, visión borrosa, sensación de irrealidad y despersonalización.

Sería natural que hasta este punto el lector reconozca algunos de estos síntomas e incluso los haya padecido alguna vez, otros quizás no lo vean tan claro, sobre todo cuando hablamos de la sensación de irrealidad y despersonalización. Estos últimos síntomas son muy frecuentes cuando la ansiedad sobrepasa determinados niveles, justamente son los que llevan a la persona a preguntarse si padece algún problema de salud mental grave.

chicaDefinir de forma precisa ambos síntomas resulta complicado. Quienes describen la sensación de irrealidad coinciden en que las cosas parecen "extrañas" y las sienten como si formaran parte de un "sueño" o una "película". Lo mismo les ocurre a las personas que presentan la despersonalización como síntoma, con la excepción de que en esta ocasión se refiere a la extrañeza del yo, consigo mismo. Algunos señalan sentirse “separado de su propio cuerpo”, “como si estuviera apartado de su propia mente”.

Conociendo un poco más sobre esta sintomatología no resulta difícil entender por qué quien lo padece llega a sentir que está “perdiendo la cabeza”. Son sensaciones muy angustiosas que además suelen generar miedo hacia la propia sintomatología y sus consecuencias. Sin embargo, que sintamos algo de una manera no quiere decir que en realidad sea así.

Es importante saber que estas sensaciones no son peligrosas, son propias de la ansiedad y se presentan con alta frecuencia durante las crisis de pánico o ansiedad. Es imprescindible tener en cuenta esta información para que la sintomatología no se dispare a niveles difíciles de manejar y así poder modificar los pensamientos catastrofistas que alimentan el miedo e intensifican los síntomas.

Pensamiento y emoción van de la mano y el cuerpo es el espejo sobre el que se refleja el resultado de esta ecuación. Puede comprobarlo por usted mismo, cierre los ojos y concéntrese en alguna experiencia que le resulte estresante, si observa durante un tiempo su cuerpo, podrá comprobar que han surgido algunos cambios en él, es posible que la respiración se encuentre algo más acelerada, que le cueste llevar a cabo una inspiración completa, o que se le haya formado un pequeño nudo en el pecho. En cambio sí centra su atención en una escena agradable, como pudiera ser un paisaje que le guste, podrá apreciar que las sensaciones que le hace llegar su cuerpo son más relajadas e incluso podrá aprovechar para destensar algunas zonas que aún estuvieran contraídas.

He ahí la fuerza de los pensamientos sobre nuestras emociones, nuestro comportamiento y las respuestas de nuestro organismo.

Siguiendo con esta explicación, se puede encontrar en nuestras propias respuestas fisiológicas la causa de la sensación de desrealización, pues es fácil que cuando percibimos algo como estresante o peligroso comencemos a respirar rápido, disminuyendo así la cantidad de oxígeno en algunas zonas del cerebro, lo que suele provocar cierto mareo. Además, como buenos animales evolucionados que somos, nuestra visión periférica aumenta al dilatarse las pupilas, al igual que nuestra atención a los posibles peligros.

Llegados a este punto pregúntese si es normal que la persona pueda sentirse “en otra realidad” mientras en su cuerpo están sucediendo todos estos procesos, o mejor dicho, pregúntese si sentir todo esto significa “estar volviéndome loco”.

El problema no radica en presentar más o menos síntomas de ansiedad, ya que forman parte de nuestro día a día y todos los sentimos con menor o mayor intensidad, el problema es creer que son dañinos para nosotros. Si la mente así lo ordena, nuestro cuerpo reaccionará ante cualquier peligro sea real o no.

Y es que, como dice la científica Candace Pert:
“La mente no domina al cuerpo, sino que se convierte en cuerpo. Cuerpo y mente son una sola cosa.”

Por tanto, ¿qué podemos hacer cuando percibimos ansiedad?

  1. Aceptar las sensaciones como una reacción natural del cuerpo, cuanto más las rechaces más intensas se volverán, ya que estaremos más tensos.
  2. No alimentar las sensaciones con pensamientos negativos y catastrofistas, con peligros que nos existen.
  3. Pensar que no van a hacernos daño aunque sean sensaciones que puedan resultar desagradables, es sólo ansiedad, igual que entra se va, hay que darle tiempo.
  4. Continuar con nuestra actividad normal pues no hacerlo sería tratarnos como si estuviéramos enfermos y, como ya sabemos, no lo estamos.


Mi consejo, para aprender a manejar la ansiedad, es que no se crea nada de lo que ha leído en los últimos cuatro puntos. Atrévase, póngalos a prueba y compruebe si le ayudan al cambio.

Piense que

“si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre obtendrás lo que siempre has tenido”
(Steven Hayes).

Sobre el autor

Almudena Lloret Campoy

Almudena Lloret Campoy

Psicóloga Colegiada: AN-06619
Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria
Master en Terapia de Conducta UNED
Experto universitario en Atención a Cuidadores de Personas Dependientes
Psicóloga Asociación Corazón y Vida

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Autoprotección emocional, Psicología de la Salud, Atención al cuidador y Duelo.

 

Más sobre mí...


Los primeros ocho años de mi vida los pasé en el Puerto de Santa María junto a sus playas y el pescaíto de la bahía, a partir de entonces me crie en Jerez de la Frontera, ciudad en la que nací y en la que crecí, entre sus caballos y volantes. De Cádiz me quedé con sus Carnavales y de Jerez con su Feria, amante de estas fiestas y de los momentos buenos que ofrece la vida.
Estudié la carrera de Psicología porque quería saber más acerca del mundo, un mundo gobernado por personas. Para ello me trasladé a Almería, ciudad desconocida donde abunda la buena gente, hasta llegar a Sevilla y convertirme en una enamorada de este lugar.
Adoro las buenas sensaciones, esas que se experimentan con los sentidos más allá de la razón. He aprendido a conocerme, a valorar mis virtudes y a aceptar mis defectos, a seguir aprendiendo para mejorar aquello que quiero cambiar. Esto me lo ha enseñado el día a día, la familia, los amigos y las personas con las que trabajo.
Creo en la bondad del ser humano y en que es posible pulirla para que brille, creo en la fuerza que tiene una sonrisa y creo en la fortuna de creer en los demás y en uno mismo.

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