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Affor, Prevención Psicosocial.

La importancia de la asistencia psicológica en el cancer

Tener la sospecha de que se padece una enfermedad como el cáncer genera muchas emociones. Cuanto menos, la espera de un diagnóstico produce ansiedad, miedo a lo que pueda pasar si se confirman los peores presagios, y preocupaciones sobre distintas cuestiones asociadas.

(¿Ahora qué?, ¿Qué pasará en el futuro?, ¿Cómo me afectará el tratamiento?, ¿Qué probabilidades existen de salir victoriosos?, etc.).

En nuestra vida cotidiana todos pasamos por diferentes etapas que conllevan vaivenes emocionales. Podemos tener un problema que nos ronda la cabeza, quizás un desengaño, o simplemente podemos no encontrarnos bien anímicamente sin saber el motivo, pero ¿Qué pasa cuando existe la posibilidad de padecer cáncer?

El cáncer es una enfermedad muy estigmatizada socialmente, casi en cualquier familia se puede encontrar a algún miembro que lo ha padecidoCáncer o lo está padeciendo. Sabemos lo dura que puede llegar a ser para el paciente y para los familiares, y en muchos casos nos es casi inevitable asociarle la palabra muerte… Como consecuencia, que sólo exista la posibilidad de padecerla nos provoca altos niveles de ansiedad y sufrimiento.

Como en cualquier enfermedad, el estado de ánimo juega un papel fundamental, y en el caso concreto del cáncer más. Hay que intentar sacar fuerzas para hacer frente a todo ese proceso que puede resultar agotador, pero también hay que aprender a no sentirnos culpables con otros pensamientos o sentimientos asociados que pueden aparecer. No se trata de evitar decir en voz alta nuestros peores miedos y preocupaciones, ni de intentar aparentar estar bien a toda costa por la extraña creencia de que “aquello que no se nombra no existe”. Se trata más bien de hacer frente a la situación y a las emociones, permitirnos experimentarlas, vivirlas y afrontarlas de la mejor manera posible, aunque quizás no sepamos realmente cómo hacerlo.
A veces, cuando damos el paso de recurrir a un profesional, ya nos encontramos inmersos en una fuerte depresión y sufrimos de altos niveles de ansiedad. Por ello es importante ponernos desde el primer momento en manos de un psico-oncólogo, el cual nos acompañará y nos ayudará de diferentes formas y en las diferentes etapas:

  • Antes del tratamiento: 
    Ayudar a prevenir y reducir la ansiedad en el momento del diagnóstico, tanto en el paciente como en los familiares.
  • Durante el tratamiento: 
    • Informar y ayudar a afrontar los posibles cambios físicos que se produzcan, ayudar a la modificación del estilo de vida y en la recuperación física y mental.
    • Manejo del dolor y otros síntomas.
    • Orientación y apoyo al cuidador y familiares etc.


Quizás, esta especialización de la Psicología todavía sea desconocida para una gran parte de la sociedad. El malestar emocional siempre solemos postergarlo, dando más importancia a dolencias físicas y otra variedad de problemas antes que a nuestra estabilidad emocional. Y aunque no debería ser así bajo ningún concepto, en enfermedades como el cáncer debemos priorizar tanto el tratamiento físico como el emocional. El trabajo de un buen psico-oncólogo se torna indispensable en esta dura etapa de la vida de una persona.

Sobre el autor

Pilar Naranjo González-Quevedo

Pilar Naranjo González-Quevedo

Psicóloga Colegiada: AN-07736
Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria
Master Sanitario en Práctica Clínica y Salud Mental AEPCCC
Master en Gestión de Recursos Humanos y Técnico Superior en PRL
Perfil:

  • Experta en Psicooncología
  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Trastornos de Ansiedad y del Estado de Ánimo, Intervención en Emergencias y Orientación Socio-laboral.

 

Más sobre mí...

Viniendo de una familia donde mi padre es médico y mi madre enfermera, no era raro que me decantara por la rama sanitaria. Al principio aspiraba a ser médica, e incluso médica cirujana, pero con el paso de los años, y siendo realistas, se me fue pasando la idea por muchos motivos.
Mi madre de ciudad, mi padre de pueblo, mi madre de una familia pudiente y mi padre de una humilde… y de ambos he aprendido valores tan importantes como el respeto, la tolerancia, el compromiso y la constancia.
Me considero una persona sencilla, prefiero una buena charla, un buen ambiente y unas risas antes que cualquier lujo. Siempre estoy dispuesta a aprender cosas nuevas y a afrontar los retos que me va poniendo la vida, que no son pocos.
Me decidí a estudiar Psicología empujada por una profesora de mi instituto, sabía que me gustaba pero tenía mis dudas, temía no ser capaz de ejercer la profesión. Sin embargo, cuando realmente decides tu destino y estudias lo que te gusta, no hay nada ni nadie que te lo impida. Y así fue, comencé la carrera en Málaga y la terminé en Sevilla, siendo mi objetivo principal el mundo de los Recursos Humanos.
La crisis quiso que volviese a replantearme mi vida, de repente la empresa donde trabajaba entró en concurso de acreedores, conocí Affor y empecé a trabajar aquí, hace ya 4 años. Además, lejos de lamentarme por la pérdida de mi anterior trabajo, decidí verlo como una oportunidad de sacarme esa espinita que tenía por haber dejado un poco aparcada la parte clínica. Espinita que  aunque lo había intentado no conseguía apartarla.
Fue entonces cuando tomé la decisión de hacer el Master Sanitario en Práctica Clínica y Salud Mental y comencé a  trabajar como psicóloga clínica, profesión que no sólo me apasiona sino que me hace sentir plena. En todo este tiempo he seguido formándome en diferentes áreas de la psicología hasta conseguir unificar lo que quería ser de pequeña con mi vocación actual, la Psicooncología. Y creo que no hay mejor forma de unir la medicina y la Psicología.

 


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