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Affor, Prevención Psicosocial.

Ignacio Sañudo Corrales

Psicólogo Colegiado: AN-06617
Licenciado en Psicología, especialidad sanitaria
Máster en Terapia de Conducta UNED
Suficiencia investigadora (DEA)
Psicólogo Fundación Rocío de Triana

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en atención a familias y personas dependientes.

 

Más sobre mí...

Me llamo José Ignacio Sañudo Corrales, (José, por mi abuelo, al que nunca llegué a conocer y del que muchos dicen que tengo su carácter bromista y risueño; Ignacio, porque mis padres lo decidieron así) pero cierto es que todo el mundo me conoce como Nacho, ni mi madre me ha llamado “¡José Ignacio!” cuando tenía que reñirme.
Esta madre, cuando estaba embarazada de un servidor, allá por 1982, vivía en Linares, provincia de Jaén, y se fue a dar a luz a un pueblo de la sierra de Cádiz, Olvera, a poco menos de 300 km de distancia. Claro está, mi padre llegó tarde al parto (seguro que Freud tendría algo que añadir a esto).


Bueno, a lo que vamos, gaditano de nacimiento, nunca he vivido allí, pero creo que en la sangre algo queda, porque es una tierra que siempre apetece visitar. Cuatro años en Linares, cuatro en Jaén (siempre los recuerdo como los mejores de mi vida), seis en Granada y, a Sevilla en 1996, ha llovido ya... Todo ese recorrido ha dejado atrás pequeños trocitos de mí y, al mismo tiempo, me ha permitido recoger muchas experiencias vitales y saber que van quedando lugares y personas a las que volver.


En Sevilla fue donde decidí, circunstancialmente, todo sea dicho, estudiar psicología, ya que por aquel entonces, era la odontología lo que me atraía (no os preocupéis, yo tampoco lo entiendo a día de hoy). La facultad me permitió aprender lo básico de la psicología y mucho de las personas y de mí mismo. Sin duda, es ahí donde se hacen amigos para toda la vida y nos conocemos y definimos en gran medida. Al terminar, quedaba un gran vacío, qué hacer, qué pasaría ahora con las amistades, las clases, las horas de estudio, sería capaz de dedicarme a la psicología...


Después de estudiar oposiciones, hacer cursos y más cursos, expertos, master, cursos de doctorado, tesina, etc., y de trabajar como investigador y docente en la facultad, con personas con enfermedades mentales graves, con personas mayores y con personas en riesgo de exclusión social (como si las anteriores no lo fueran), tuve la oportunidad de trabajar con personas adultas con discapacidad intelectual, a lo que me dedico en la actualidad y disfruto con ello día a día.

 

Además de esta dedicación, mi mente inquieta (demasiado, dirán algunos, entre los que me incluyo) me llevó durante estos años a formar parte de distintos proyectos que considero de gran relevancia en mi vida personal y profesional: 1) la fundación de una asociación sin ánimo de lucro, en la que poder aportar a la sociedad un granito de arena desde mi profesión, Psicología Sin Fronteras- Andalucía- (mi arbolito plantado), a la que sigo vinculado a día de hoy, y 2) la creación de ImpulsoPsicología, un gabinete de psicología que durante más de 3 años nos dio a mi compañero/socio/amigo y a mí, la oportunidad de aprender muchas cosas que no se enseñaban en la facultad (contacto con profesionales, empresas, asociaciones, pacientes, familias…hasta tomar café con un grupo de mujeres con fibromialgia en una parroquia una tarde de verano). En ese tiempo, fue cuando conocimos Affor y decidimos involucrarnos en un proyecto que nos entusiasmó desde el principio. Desde entonces, mi desarrollo profesional (e incluyo personal, puesto que no creo que puedan o deban separarse) crece día tras día, al compartir experiencias con grandes profesionales, que me motivan, me despiertan, me nutren, me ayudan a progresar e incluso me preocupan, al pensar que no estoy a la altura de tanta profesionalidad. Todo ello me motiva y logra que me esfuerce cada día más para seguir creciendo y poder dar lo mejor de mí a cada persona con la que trabajo, ya sea paciente, cliente, alumno o compañero de trabajo (compañera quedaría mejor, ya que son mayoría).


En definitiva, por ir cerrando, reconozco que soy desorganizado (creo que quedará reflejado a lo largo del discurso), nervioso, algo terco y un poco impulsivo. Asumo que a mis 33 años sigo buscando mis talentos (más allá de salpicar agua con el dedo meñique del pie o correr hacia atrás a gran velocidad) y eso, aunque a veces me frustra, creo que es lo que me sigue empujando a mejorar día a día, a tratar de dar lo mejor de mí en cada momento y no desfallecer en el intento. Esto me permite decir que también soy una persona ingeniosa, trabajadora, resolutiva, puntual, sincera, entusiasta, deseosa de conocer cualquier lugar del mundo (y probar lo que haya de comer) y risueño, sobre todo risueño. Creo que el humor forma parte de mi vida y trato que las personas que me rodean puedan esbozar una sonrisa al pensar en mí. Y todo esto se lo debo a cada uno de los lugares en los que he estado y cada una de las personas que he conocido y con las que he compartido algún momento, eso es lo que me ha hecho ser quien soy. Ah! y mi abuelo Pepe, al que no llegué a conocer.

 


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