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Affor, Prevención Psicosocial.

El miedo es una emoción innata, necesaria, que nos ayuda a defendernos de los peligros reales de la vida. Es importante ser conscientes de él, admitirlo, enfrentarnos a él, reformularlo de forma positiva e incluso a veces permitirnos tenerlo de forma controlada para que no nos impida conseguir aquello que queremos.

¿Qué te impide vencer ese miedo?

Post vencer miedo affor psicosocial

 

Estos días en consulta es muy frecuente escuchar que tenemos nuevos propósitos planteados para 2018. Propósitos que duran bastante menos que el año que empleamos como tiempo máximo para alcanzarlos.

¿Qué nos pasa? ¿Qué nos impide trabajar para alcanzar aquello que nos hemos propuesto? ¿No lo deseamos de verdad? ¿O algo aún más fuerte que nosotros nos frena en un punto determinado, haciéndonos abandonar?

En muchas ocasiones ese algo que nos hace abandonar es el miedo a que las cosas no salgan como esperábamos, el miedo a no ser capaz de lograrlo, miedo a fracasar, miedo a decepcionarnos o a decepcionar a otros, incluso miedo a salir de esa famosa “zona de confort” que en muchas ocasiones debería llamarse “zona conocida” porque no siempre nos hace sentirnos bien. A veces esa zona es incómoda, nos hace sentir malestar, sufrimiento… pero el miedo a hacer cambios y la incertidumbre de saber si saldrán bien o mal, nos frena y nos hace quedarnos como estamos, aunque no sea como queremos estar.

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción innata, necesaria, que nos ayuda a defendernos de los peligros reales de la vida. Ese miedo se activa en nosotros cuando reconocemos una amenaza, algo que puede ponernos en peligro, activándose en nosotros una respuesta a esa amenaza. Esa respuesta sí es aprendida.

Desde que nacemos vamos viviendo experiencias que nos producen temor. En función de la respuesta que damos y su efecto, así como observando a otros a nuestro alrededor y los resultados que obtienen, comenzamos a relacionarnos con esta emoción. Si hemos vivimos una infancia llena de miedos, sobreprotegidos, o bien donde el miedo era cosa de “cobardes”, nuestra relación con el miedo estará condicionada de una manera u otra.

El miedo bien gestionado puede ayudar a protegernos y darnos seguridad. A veces no somos conscientes de que tenemos miedo ni siquiera de lo que realmente nos asusta. En consulta me encuentro con situaciones donde el miedo está muy presente y los pacientes no son conscientes de que ese miedo está ahí.

Me gusta poner como ejemplo, para que entiendan como funciona, el humo. Surge un incendio en la cocina de la casa pero poco a poco el humo va accediendo al resto de habitaciones, inundando el espacio y no dejando ver con claridad.

Cuando el miedo no está definido no somos consciente de qué nos asusta, qué lo provocó, cómo nos limita..., simplemente va aumentando y generalizándose a otras situaciones, impidiéndonos llevar una vida laboral, personal o social normal.

Cómo abordar tu miedo en cuatro pasos

  • Analiza tu miedo: tenemos que empezar admitiéndolo. Al reconocer tus sentimientos estás dando el primer paso para obtener el control de la situación. Lo nombramos y así lo dejamos salir. Para ello, podemos empezar a prestar atención a aquello que nos genera malestar, ansiedad. Podemos escribir sobre el miedo, concretamente sobre el problema que queremos superar, registrando aquellas situaciones que nos generan malestar, cómo las resolvemos y qué puede ayudarnos para futuras situaciones. Si le damos forma, contemplándolo como algo que tiene un principio y un final, te dará una sensación de control que te ayudará a abordarlo de manera más efectiva. Podemos responder a preguntas tipo: ¿cuál es la historia de tu miedo?, ¿comenzó con una historia negativa del pasado?, ¿desde cuándo te afecta?, ¿qué lo origina?, ¿es algo evidente?, ¿cómo te afecta? Averigua cómo el miedo influencia sobre tu mente y tu comportamiento: ¿es algo peligroso?

Analiza si tienes una buena razón para tener miedo o bien si se trata de un miedo irracional o represor. Una vez analizado, hay que imaginar el resultado deseado. Por ejemplo, si me dan miedo los perros, me propongo no cambiar de acera la próxima vez que me cruce con uno.

  • Controla tu miedo: vamos a ir exponiéndonos poco a poco a aquello que tememos en pequeñas dosis. Considera la posibilidad de tener un enfrentamiento directo. Esto puede permitirte ver que a veces en nuestra cabeza hacemos las cosas mayores de lo que son y en realidad no hay nada que temer.

Imagina el peor escenario posible, ¿qué es lo peor que podría pasar? Es posible que tengamos que enfrentarnos al miedo más de una vez hasta que consigamos dominarlo. No hay que vivirlo como un fracaso, estamos aprendiendo y si fallamos, lo aprendido no desaparece. Se requiere una cierta cantidad de impulso para lidiar con el miedo. Puede ser tentador rendirse pero es necesario mantenerse decidido a perseverar aun cuando superar tu miedo parezca imposible. Evita dejar las cosas al destino y no permitas que otros te repriman.

  • Intenta reformular tu miedo de una manera positiva: podemos usar el miedo como una herramienta para ayudarnos a identificar los problemas y solucionarlos con eficacia. Un indicador de que hay que prestar atención a algo. Si temes algo desconocido, tómalo como una señal de que hay que conocerlo mejor. Si temes un evento que está por llegar, míralo como una oportunidad para preparar un plan de acción.
  • Permítete tener miedo algunas veces: el miedo forma el carácter y nos permite actuar con valentía. Es una respuesta natural a las situaciones que están fuera de nuestro control y sentirlo significa que eres humano. No te exijas demasiado. Es importante tratar de superar los miedos que limitan tu vida. No es necesario superar el miedo a los cocodrilos si no tienes por qué verlos nunca en tu vida.

Además, es importante reforzar los logros que vayas consiguiendo. No esperes hasta haber superado tu miedo completamente para felicitarte por tu esfuerzo. Celebra cada progreso. Cuando veas lo bien que te sientes, estarás listo para subir al siguiente escalón y abandonar la “zona conocida” para descubrir la verdadera “zona de confort”.

Sobre el autor

Berta Bejarano García

Berta Bejarano García

Psicóloga colegiada: AN-06100

Licenciada en Psicología, especialidad Sanitaria

Experta en atención al enfermo y al cuidador

Máster en Terapia Asistida por Animales

Perfil:

  • Especialista en adicciones
  • Especialista en atención a personas con Trastorno Mental Grave
  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual

Más sobre mí…

Nací en Sevilla. Soy la tercera de cuatro hermanos pero si no fuera por el gran parecido físico que nos une… cualquiera diría que tenemos los mismos padres…

La mayoría de los recuerdos de mi infancia -que son muchos- son buenos a pesar de que mis padres se separaron cuando todavía era algo poco frecuente. Mi madre supo cubrir los huecos y multiplicarse para estar en casa atendiéndonos a los cuatro y trabajar fuera al mismo tiempo. La admiro por eso y por otras muchísimas cosas, sobre todo ahora que soy madre de dos pequeños terremotos, que aunque son unos niños estupendos, me cuesta imaginar si tuviera que hacer todo yo sola y con el doble de tarea…

Siempre he sido un poco “mente inquieta”. No me gusta conformarme con un “porque sí” como argumento y le doy vueltas a las cosas hasta entenderlas por completo. Quizás fue eso lo que me llevó a estudiar la carrera de psicología... o no. El caso es que me encanta mi profesión y no me imagino haciendo otra cosa.

Desde que acabé la carrera (porque en esta profesión nunca se acaba de estudiar), he ido conociendo diversos ámbitos mediante voluntariados, prácticas, residencias de ancianos, residencias de salud mental…En esta última etapa es donde más tiempo he pasado (profesionalmente hablando) y  he crecido como persona y psicóloga. Cada día tenía como objetivo llevarme algo nuevo para mí, viniera de un compañero/a, de un familiar o de un paciente. Estos últimos son los que más me han enseñado con sus inquietudes, sus miedos, su manera de reponerse ante las dificultades y, por supuesto, sus recaídas. Lo mejor de este trabajo es que nunca hay dos días iguales.

Siempre le pido a mis pacientes en la primera sesión que se definan en tres palabras. La mayoría me pregunta: ¿buenas o malas? Y siempre les contesto: lo que te salga…Hoy, aprovecho esta presentación, aunque siempre es un ejercicio que resulta difícil, para describirme también con tres palabras: activa, positiva y “peleona”.

Affor llegó a mi vida en el momento más oportuno. Muchas veces oigo que las cosas siempre pasan por algo. Yo prefiero “tunear” un poco esa frase y decir que las cosas pasan y que solo somos capaces de ver las oportunidades cuando estamos preparados para subirnos al tren. Esto último está muy relacionado con mi lema de vida: la actitud… porque precisamente con la actitud adecuada podemos conseguir casi todo lo que nos propongamos y si no es así al menos podremos aprovechar la oportunidad disponible que veamos alrededor.

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