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Affor, Prevención Psicosocial.

¿Sabías que las emociones se contagian? No nos fijamos pero somos muy vulnerables al efecto de la queja. Sin darnos cuenta podemos acostumbrarnos a fijarnos sólo en el lado negativo de las cosas, consiguiendo que nos perdamos todo lo demás que hay a nuestro alrededor.

21 días seguidos sin quejarte...¿serías capaz?

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Estamos empezando el año, y la mayoría por estas fechas tiene un listado de propósitos para cumplir en los 365 días siguientes. La lista es diversa: aprender idiomas, cuidar la alimentación, ir al gimnasio… ¿y para cuándo proponernos ser más felices? ¿Para cuándo ponerlo en nuestro orden de prioridades? ¿No nos damos cuenta que es lo principal?

Os proponemos un reto de 21 días, un reto que hará que nuestra FELICIDAD sea nuestro mejor hábito… ¿estás dispuesto? No voy a engañarte, no es un reto fácil pero te prometo que aunque cuesta mucho tiene enormes beneficios.

Te RETO a… ¡¡estar 21 días seguidos sin quejarte!!

No nos fijamos pero somos muy vulnerables al efecto de la queja. Sin darnos cuenta podemos acostumbrarnos a fijarnos sólo en el lado negativo de las cosas, consiguiendo que nos perdamos todo lo demás que hay a nuestro alrededor.

¿Por qué 21 días? Muy sencillo. 21 días es el tiempo que se necesita para adquirir un nuevo hábito, y… ¿qué mejor hábito que dejar de quejarnos y centrarnos en todo lo demás?

La idea original nació de la mano de Will Bowen, un pastor estadounidense que en sus sermones proponía a sus feligreses permanecer 21 días sin quejarse. Para facilitarles la tarea, repartió una pulsera morada que debían cambiarse de muñeca cada vez que se lamentasen de algo. Si esto pasaba y tenían que cambiarse la pulsera de muñeca, debían poner el contador a cero y empezar de nuevo… ¡¡Sí!! Empezar de nuevo… da igual los días que hayas conseguido estar sin quejarte, si fallas el día 19 o el 20…  ¡¡¡a empezar de nuevo!!!  Podemos pensar que es muy difícil, podemos pensar que jamás lo conseguiremos... pero ¡¡¡esa no es la actitud!!!

Este reto no consiste en ver quién lo consigue antes. Tenemos la queja muy normalizada en nuestra vida y en nuestro vocabulario. Es casi impensable conseguirlo a la primera pero el seguir intentándolo tiene unos beneficios enormes. Al intentar frenar la queja conseguimos hacer consciente dicha queja, y nuestra mente va trabajando y entrenando para conseguir sustituirla por otro tipo de pensamientos más positivos. A fuerza de entrenamiento, cuando nos demos cuenta, lo haremos de forma natural, sin esfuerzo. Por eso es necesario que se haga durante 21 días seguidos.

No importa el tiempo que tardes en conseguir estar 21 días seguidos sin quejarte, lo importante es el esfuerzo que realices porque así conseguirás los cambios esperados.

Si miras la montaña pensarás que no puedes subirla, en cambio si sólo te centras en el paso siguiente cuando te des cuenta estarás en la cima.

Piensa que en la idea original los más aventajados tardaron unos meses en conseguirlo. Pero en ese tiempo tu mente (sin darse cuenta) y debido a tu esfuerzo va a ir cambiando y viendo las cosas de una forma más positiva.

Para conseguirlo, dos consideraciones previas:

1. Ponte una pulsera o anillo. Cada vez que te quejes debes cambiarlo de mano y empezar de nuevo el reto.

2. Si lo piensas pero no llegas a expresarlo... no cuenta. Sólo sirven las quejas que exteriorizas. La idea es que al cabo de tres semanas sin quejarte ni criticar, tu mente también dejará de hacerlo.

Te resultará extraña esta segunda condición, ¿verdad? La explicación es que solemos pensar que al quejarnos nos estamos desahogando emocionalmente, que soltamos lo que tenemos dentro para liberarnos... nada más lejos de la realidad ya que expresar esa negatividad puede hacer que nos sintamos peor.

Por eso en el reto puedes pensarlo pero no expresarlo. Evitaremos que te retroalimentes en esa negatividad, que algo insignificante acabe convirtiéndose en un gigante a base de darle vida con las palabras y conseguiremos que nuestra mente se centre en cosas positivas.

¿Qué obtendremos si realizamos el reto?

Si finalmente nos decidimos a hacerlo y ponemos empeño conseguiremos:

1. Ser más positivos.

2. Que la gente quiera pasar tiempo con nosotros, ya que todos tendemos a evitar a la típica persona quejica.

3. Ser más felices, ya que serás capaz de visualizar tu realidad desde una óptica mejor.

¡Ánimo! No decaigas, sigue intentándolo las veces que haga falta… el esfuerzo merece la pena. Si quieres ver cómo otras personas están consiguiendo el reto puedes hacerlo desde mi perfil de Facebook, donde estamos haciéndole seguimiento.

Además, conscientes de la dificultad del reto, desde este perfil os ofrecemos la posibilidad, mediante sorteo,  de acceder de forma gratuita al Programa de Gestión del Estrés. Una herramienta que el equipo de psicólogos expertos de affor ha diseñado para aprender técnicas que ayuden a un manejo adecuado del estrés, que es uno de los principales motivos por el cual se disparan nuestras quejas.

Sobre el autor

Pilar Naranjo González-Quevedo

Pilar Naranjo González-Quevedo

Psicóloga Colegiada: AN-07736
Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria
Master Sanitario en Práctica Clínica y Salud Mental AEPCCC
Master en Gestión de Recursos Humanos y Técnico Superior en PRL
Perfil:

  • Experta en Psicooncología
  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Trastornos de Ansiedad y del Estado de Ánimo, Intervención en Emergencias y Orientación Socio-laboral.

 

Más sobre mí...

Viniendo de una familia donde mi padre es médico y mi madre enfermera, no era raro que me decantara por la rama sanitaria. Al principio aspiraba a ser médica, e incluso médica cirujana, pero con el paso de los años, y siendo realistas, se me fue pasando la idea por muchos motivos.
Mi madre de ciudad, mi padre de pueblo, mi madre de una familia pudiente y mi padre de una humilde… y de ambos he aprendido valores tan importantes como el respeto, la tolerancia, el compromiso y la constancia.
Me considero una persona sencilla, prefiero una buena charla, un buen ambiente y unas risas antes que cualquier lujo. Siempre estoy dispuesta a aprender cosas nuevas y a afrontar los retos que me va poniendo la vida, que no son pocos.
Me decidí a estudiar Psicología empujada por una profesora de mi instituto, sabía que me gustaba pero tenía mis dudas, temía no ser capaz de ejercer la profesión. Sin embargo, cuando realmente decides tu destino y estudias lo que te gusta, no hay nada ni nadie que te lo impida. Y así fue, comencé la carrera en Málaga y la terminé en Sevilla, siendo mi objetivo principal el mundo de los Recursos Humanos.
La crisis quiso que volviese a replantearme mi vida, de repente la empresa donde trabajaba entró en concurso de acreedores, conocí Affor y empecé a trabajar aquí, hace ya 4 años. Además, lejos de lamentarme por la pérdida de mi anterior trabajo, decidí verlo como una oportunidad de sacarme esa espinita que tenía por haber dejado un poco aparcada la parte clínica. Espinita que  aunque lo había intentado no conseguía apartarla.
Fue entonces cuando tomé la decisión de hacer el Master Sanitario en Práctica Clínica y Salud Mental y comencé a  trabajar como psicóloga clínica, profesión que no sólo me apasiona sino que me hace sentir plena. En todo este tiempo he seguido formándome en diferentes áreas de la psicología hasta conseguir unificar lo que quería ser de pequeña con mi vocación actual, la Psicooncología. Y creo que no hay mejor forma de unir la medicina y la Psicología.

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