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Affor, Prevención Psicosocial.

Cómo pillar a tu pareja

Cómo pillar a nuestra pareja es algo que preocupa a la mayoría de las personas, aunque no lo manifiesten de forma explícita. Y no solo nos preocupa saber si nuestra pareja nos es fiel, también tememos que haya dejado pelos en el baño, que no haya hecho la colada, o que dedique más tiempo al móvil que a nosotros.

Pasamos gran parte de nuestro tiempo pendientes de aquellas cosas de los demás que queremos corregir, de sus errores, de los problemas y aspectos negativos. Y no solo nos preocupa nuestra pareja, también nos preocupa cómo pillar a nuestros hijos, al alumno, a la compañera de trabajo, etc. vivimos buscando y marcando los errores de los demás.

Reforzar el comportamiento positivo mejora las relaciones sociales

Hasta hoy, puede que nadie nos haya dicho que, si queremos ser más felices y ayudar a que las personas que nos rodean también lo sean, es mejor indicarles aquellas cosas que hacen bien, lo que nos gusta de ellas y nos gustaría que repitiesen.

Ya lo decía Thorndike, cuando describía su famosa Ley del Efecto: “cualquier conducta que en una situación produce un efecto satisfactorio, se hará más probable en el futuro” o Skinner, cuando propuso el condicionamiento operante: “si reforzamos una conducta esta tenderá a repetirse”, al igual que hacía la paloma que picaba una y otra vez en la luz roja para recibir comida. También lo decía mi abuela: “se cazan más moscas con miel que con vinagre” o lo que es lo mismo, si le doy un beso a mi pareja para agradecerle que haya hecho la cena, probablemente la haga más veces.

Pillar a nuestra pareja, amigo, alumno, compañera…haciendo algo agradable e indicarle de forma explícita que lo está haciendo bien también será positivo para nosotros, ya que estaremos atentos a aspectos positivos de nuestro entorno y nos ayudará a mejorar nuestras relaciones y encontrarnos mejor.

Atendiendo a la Psicología Positiva, dejaremos de atender a los aspectos negativos, tratando de resolverlos como problemas o síntomas que hay que curar y centraremos nuestra atención en aquello que la persona hace bien para potenciarlo. Esta forma de hacer psicología es útil para trabajar con nuestra pareja o con nuestro hijo y también con el personal de una empresa, tratando de reconocer las virtudes de las personas y promoverlas, generando un ambiente positivo y de desarrollo personal.

Llegado este momento, ya te habrás dado cuenta de que lo que estás leyendo no trata de ayudarte a pillar a tu pareja en una infidelidad, sino de enseñarte a reconocer lo que los demás hacen bien para que lo repitan. Para hacerlo bien, primero hay que entrenar, para ello, vamos a aprender a reconocer los aspectos positivos de las personas que nos rodean y luego estaremos listos para pillar a nuestra pareja.

Ejercicios para poner en práctica la psicología positiva

Este primer ejercicio consiste en pensar en una persona (pareja, amiga, hijo, jefe…) y en recordar alguna cosa que haya hecho mal en estos últimos días. Anota todo lo que te venga a la mente… (Por ejemplo: no baja la basura, no recoge el cuarto, le habla mal a los clientes, etc.). Fácil, ¿verdad?

Ahora, pensando en la misma persona, trataremos de recordar algo bueno que haya hecho a lo largo de estos días… (Por ejemplo: me ha sonreído al levantarse, ha preparado el desayuno, ha dejado que me siente junto al jefe, etc.). La cosa se complica, ¿verdad? En otro folio, anota todos los aspectos positivos que te vengan a la mente.

Es importante hacer esta reflexión, es muy fácil recordar aquello que nos molesta, porque tenemos mucha experiencia, nos afecta en el día a día y tratamos de hacer todo lo posible por cambiarlo. Sin embargo, lo que pretendemos con este ejercicio es justo lo contario, que seamos conscientes de la utilidad de identificar aquello que nos hace sentir bien, por pequeño que sea y se lo hagamos ver al otro, le animemos a repetirlo con un halago, permitiendo un crecimiento de la persona y una mejora en nuestra relación, sea el tipo que sea.

Una vez practicado esto, el siguiente paso es sencillo, aunque puede que no estemos acostumbrados a realizarlo. Toma el folio de los aspectos negativos y, simplemente, tíralo a la papelera, hoy no es el día de atender estos problemas ni tratar de solucionarlos. Luego toma el otro folio y léelo, valora cada una de las cosas que has escrito y, lo más importante, acércate a la persona que tenías en mente y, simplemente, dile lo que ha hecho bien.

El último paso es importante, comunicar a esa persona aquellas cosas que nos resultan agradables, que nos gusta que hagan, todo aquello que consideramos que puede ser positivo para ellos mismos o para nosotros. Dejando atrás el otro folio.

El ejemplo del niño con deficit de atención

Me gusta poner un ejemplo que me sucedió en consulta en una ocasión. Se trataba de un caso de un niño de unos 12 años con problemas de atención y conductas disruptivas. Tras varias sesiones, quise tener una sesión con sus padres, procurando que el niño permaneciera en la consulta, jugando y leyendo en un segundo plano. Nada más entrar, los padres le corrigieron la postura, procuraron elegir por él aquello con lo que podría entretenerse y le indicaron que se portara bien mientras estaban con el psicólogo, con tono amenazador, claro está. Además, mientras escuchaba a los padres, pude observar como a consecuencia de los nervios, del apego, o simplemente por no comprender la situación, el niño se acercó un par de veces a sus padres que, rápidamente, le llamaron la atención y le indicaron que debía quedarse quieto y callado. Así lo hizo y, durante la media hora siguiente jugó sin hacer ruido y sin molestar a nadie. En ese momento paré la sesión y les pedí a los padres que observaran a su hijo y me indicaran que estaba haciendo: “nada” fue la respuesta. “¿Nada?”, su hijo estaba cumpliendo lo que le habían pedido, había comprendido la situación y se comportaba de la mejor manera, eso debía saberlo. Así que les indiqué que se acercaran, lo elogiaran, le reforzaran su conducta y le dieran un fuerte abrazo. La sonrisa del niño en ese momento no tenía precio, y mejor aún, la de los padres tampoco. Habían comprendido que para que su hijo aprendiera, y pudiera ser más feliz, era necesario atender a las conductas positivas y reforzarlas.

Para finalizar voy a proponer un ejercicio, e invito a todas las personas que están leyendo a practicarlo. Podemos hacerlo con nuestra pareja, nuestro hijo, una amiga, un alumno, nuestra madre o el jefe. Lo único que debemos hacer es observar detenidamente su comportamiento a lo largo del día y anotar aquellas conductas que consideramos positivas. Luego, buscaremos un momento para decirles lo que hemos anotado. Por ejemplo: “me encanta el gesto que has tenido esta mañana al levantarte…”, “que bien has recogido la habitación”, “gracias por llamarme esta tarde” o “el informe que has hecho es justo lo que quería el cliente”. Con esto, reforzaremos su conducta y le estaremos animando a repetirla y, al mismo tiempo, fomentaremos una relación positiva con esa persona.

Cuando vayamos adquiriendo práctica nos podemos plantear reforzar a la persona en el mismo momento que observamos la conducta positiva, por ejemplo: “qué bonito lo que acabas de hacer”, “me encanta que hagas eso”, “qué bien lo has hecho” o simplemente, ofrecerles una sonrisa o darles un beso.

Por último, podemos plantear a la otra persona que participe del ejercicio, por lo que nos podrá ayudar a ver las cosas positivas que nosotros mismos hacemos a lo largo del día, estableciendo una comunicación centrada en los aspectos positivos.

En definitiva, se trata de un cambio de actitud, dejar de mirar aquello que nos molesta y mirar los pequeños detalles que nos hacen más felices.

Si has terminado de leer, vuelve al principio y lee el título de nuevo, seguro que ahora estás deseando pillar a tu pareja.

 

Sobre el autor

Ignacio Sañudo Corrales

Ignacio Sañudo Corrales

Psicólogo Colegiado: AN-06617
Licenciado en Psicología, especialidad sanitaria
Máster en Terapia de Conducta UNED
Suficiencia investigadora (DEA)
Psicólogo Fundación Rocío de Triana

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en atención a familias y personas dependientes.

 

Más sobre mí...

Me llamo José Ignacio Sañudo Corrales, (José, por mi abuelo, al que nunca llegué a conocer y del que muchos dicen que tengo su carácter bromista y risueño; Ignacio, porque mis padres lo decidieron así) pero cierto es que todo el mundo me conoce como Nacho, ni mi madre me ha llamado “¡José Ignacio!” cuando tenía que reñirme.
Esta madre, cuando estaba embarazada de un servidor, allá por 1982, vivía en Linares, provincia de Jaén, y se fue a dar a luz a un pueblo de la sierra de Cádiz, Olvera, a poco menos de 300 km de distancia. Claro está, mi padre llegó tarde al parto (seguro que Freud tendría algo que añadir a esto).


Bueno, a lo que vamos, gaditano de nacimiento, nunca he vivido allí, pero creo que en la sangre algo queda, porque es una tierra que siempre apetece visitar. Cuatro años en Linares, cuatro en Jaén (siempre los recuerdo como los mejores de mi vida), seis en Granada y, a Sevilla en 1996, ha llovido ya... Todo ese recorrido ha dejado atrás pequeños trocitos de mí y, al mismo tiempo, me ha permitido recoger muchas experiencias vitales y saber que van quedando lugares y personas a las que volver.


En Sevilla fue donde decidí, circunstancialmente, todo sea dicho, estudiar psicología, ya que por aquel entonces, era la odontología lo que me atraía (no os preocupéis, yo tampoco lo entiendo a día de hoy). La facultad me permitió aprender lo básico de la psicología y mucho de las personas y de mí mismo. Sin duda, es ahí donde se hacen amigos para toda la vida y nos conocemos y definimos en gran medida. Al terminar, quedaba un gran vacío, qué hacer, qué pasaría ahora con las amistades, las clases, las horas de estudio, sería capaz de dedicarme a la psicología...


Después de estudiar oposiciones, hacer cursos y más cursos, expertos, master, cursos de doctorado, tesina, etc., y de trabajar como investigador y docente en la facultad, con personas con enfermedades mentales graves, con personas mayores y con personas en riesgo de exclusión social (como si las anteriores no lo fueran), tuve la oportunidad de trabajar con personas adultas con discapacidad intelectual, a lo que me dedico en la actualidad y disfruto con ello día a día.

 

Además de esta dedicación, mi mente inquieta (demasiado, dirán algunos, entre los que me incluyo) me llevó durante estos años a formar parte de distintos proyectos que considero de gran relevancia en mi vida personal y profesional: 1) la fundación de una asociación sin ánimo de lucro, en la que poder aportar a la sociedad un granito de arena desde mi profesión, Psicología Sin Fronteras- Andalucía- (mi arbolito plantado), a la que sigo vinculado a día de hoy, y 2) la creación de ImpulsoPsicología, un gabinete de psicología que durante más de 3 años nos dio a mi compañero/socio/amigo y a mí, la oportunidad de aprender muchas cosas que no se enseñaban en la facultad (contacto con profesionales, empresas, asociaciones, pacientes, familias…hasta tomar café con un grupo de mujeres con fibromialgia en una parroquia una tarde de verano). En ese tiempo, fue cuando conocimos Affor y decidimos involucrarnos en un proyecto que nos entusiasmó desde el principio. Desde entonces, mi desarrollo profesional (e incluyo personal, puesto que no creo que puedan o deban separarse) crece día tras día, al compartir experiencias con grandes profesionales, que me motivan, me despiertan, me nutren, me ayudan a progresar e incluso me preocupan, al pensar que no estoy a la altura de tanta profesionalidad. Todo ello me motiva y logra que me esfuerce cada día más para seguir creciendo y poder dar lo mejor de mí a cada persona con la que trabajo, ya sea paciente, cliente, alumno o compañero de trabajo (compañera quedaría mejor, ya que son mayoría).


En definitiva, por ir cerrando, reconozco que soy desorganizado (creo que quedará reflejado a lo largo del discurso), nervioso, algo terco y un poco impulsivo. Asumo que a mis 33 años sigo buscando mis talentos (más allá de salpicar agua con el dedo meñique del pie o correr hacia atrás a gran velocidad) y eso, aunque a veces me frustra, creo que es lo que me sigue empujando a mejorar día a día, a tratar de dar lo mejor de mí en cada momento y no desfallecer en el intento. Esto me permite decir que también soy una persona ingeniosa, trabajadora, resolutiva, puntual, sincera, entusiasta, deseosa de conocer cualquier lugar del mundo (y probar lo que haya de comer) y risueño, sobre todo risueño. Creo que el humor forma parte de mi vida y trato que las personas que me rodean puedan esbozar una sonrisa al pensar en mí. Y todo esto se lo debo a cada uno de los lugares en los que he estado y cada una de las personas que he conocido y con las que he compartido algún momento, eso es lo que me ha hecho ser quien soy. Ah! y mi abuelo Pepe, al que no llegué a conocer.

 


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