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Affor, Prevención Psicosocial.

Cómo afrontar un proceso de duelo

Quiero ayudarle... pero no sé cómo

Todos los que estáis leyendo este post, incluida la que lo escribe, hemos pasado a lo largo de nuestra vida por diferentes situaciones de duelo. Algunos estaréis de acuerdo con esta afirmación, otros sin embargo os habréis sorprendido y estaréis pensando que “hay que ver estos psicólogos como son, siempre poniéndole etiquetas a todo”.

A los que os identificáis con la segunda reacción os diré que el duelo es un proceso complejo, que no sólo se presenta en las situaciones en las que hemos perdido a un no diré no lloresser querido. Con total seguridad, ésta es una de las situaciones de duelo más complejas de asumir y aceptar, sin embargo, si hacemos un breve repaso por diferentes momentos de nuestra vida identificaremos ciertas reacciones emocionales como la tristeza, la ira, la negación, la frustración… que nos ha acompañado en situaciones de pérdida, en las que no necesariamente habíamos perdido a un ser querido.

Podemos estar en duelo cuando perdemos algo que para nosotros es muy valioso (no necesariamente estamos aludiendo a la valía económica) o cuando hemos tenido que renunciar a un sueño importante. Como veis, son situaciones en las que sentimos que perdemos algo o alguien, siendo un buen ejemplo de esta última las rupturas de pareja. ¡Sí! Cuando se acaba una relación también tenemos que pasar el duelo, a no ser que estuviéramos hasta el gorro de esa persona y la ruptura haya supuesto un alivio, en ese caso estaríamos hablando de una liberación.  

Ya en la escuela, cuando apenas medíamos un metro, nos enseñaron que “todos los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren”. Este último capítulo se dio de pasada y fue derivado a interpretaciones espirituales y físicas. Sin embargo, ¿quién nos habló de cómo apoyar a otra persona cuando se encuentra en proceso de duelo?, ¿quién nos habló del duelo?

La muerte en nuestra cultura se considera un tema tabú, del que no se debe hablar porque duele, para evitar que alguien sufra…
Son muchas las personas que acuden a consulta con un problema que esconde un duelo no resuelto. No facilitar la expresión de las emociones con frases como “tienes que ser fuerte” dificulta y puede llegar a enquistar el proceso de duelo. Y sí, es un “proceso”, porque como cadena de trabajo que es, tiene fases y objetivos intermedios para llegar a un fin que se alcanza solo habiendo pasado por él, la resolución adecuada del duelo.  Esto no significa que la persona no vaya a echar de menos ni tEl duelo es en sí mismo una medicinaenga momentos de tristeza, lo que quiere decir es que el duelo dejará de ser el centro de su vida para pasar a ser un  acompañante.
No podemos evitar sufrir emocionalmente cuando perdemos a alguien importante, tenemos que afrontar todas las emociones que se presentan y aceptarlas como parte del proceso. Solo así dejarán de resultarnos tan dañinas y aprenderemos a entender que si sabemos gestionarlas, incluso las más “negativas”, pueden llegar a ser libertadoras.
Por tanto, mucho de lo que le decimos a una persona que está pasando por un proceso de duelo puede influir en cómo lo llegue a afrontar y determinará la calidad del apoyo emocional que le estamos proporcionando.
Una de las preguntas más frecuentes cuando alguien se entera de que un ser querido ha sufrido una pérdida importante es la de: “y ahora, ¿qué le digo?”. Ante esta cuestión, la mayor parte de los psicólogos coincidimos en que a veces es mejor dar un abrazo, coger una mano o buscar una mirada antes que decir algo porque en ese momento difícilmente existe alguna palabra que pueda proporcionar consuelo.
Como decía E. Hemingway “se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”. Ante el dolor y el sufrimiento, el ser humano tiene la imperiosa necesidad de tratar de dar consuelo mediante la palabra, sin embargo algo que debemos plantearnos es si la persona doliente nos ha pedido ese consuelo, si puede ser que hablemos para no sentirnos incómodos o si solo necesita que le escuchen sin ser juzgada.
En este sentido, teniendo en cuenta diferentes circunstancias de la vida relacionadas con el proceso de duelo, se exponen algunas frases que NO debemos decir si queremos ser útiles en estas situaciones tan complejas:

#   No le digas que se va a solucionar cuando no lo puedes asegurar, a no ser que tengas una bola de cristal que te anuncie el futuro con una probabilidad del 100%.
#   No le digas “mujer legrada, mujer embarazada” a una persona que ha pasado por un aborto, puede hacer daño y resultar frustrante.
#    No le digas “esto se te pasa en unos días”. Es imposible que conozcamos sus sentimientos, tal y como los vive, ni el tiempo que necesita para sentirse mejor.
#    No le digas lo malísimamente mal que lo estás pasando tú al doliente principal  de forma que tenga que llegar a darte él a ti consuelo. Cada cosa en su momento.
#    No le digas “tienes más hijos” a unos padres que acaban de perder a su hijo, ese no es el tema a tratar ni es la fuente principal de su sufrimiento.
#    No le digas “no tiene tanta importancia, ya se te pasará” si no quieres arriesgarte a un guantazo por minusvalorar sus sentimientos.
#   No le digas que “hay muchos más peces en el mar”. Esta frase puede resultar alentadora más adelante pero no justo en el momento de la ruptura.
#   No le digas “hay gente que está peor” porque a esa persona en ese momento le duele su “dedo” y no el del vecino. Seguramente la intención sea devolverle una perspectiva realista pero antes asegúrate si la persona está preparada para verlo.

 

En resumen, tratemos de no minimizar el sufrimiento de la persona porque se hará mayor. Si quieres ayudarle y no sabes qué decir, no digas nada, dale un abrazo sentido.
Cuando estamos en duelo, necesitamos que nos dejen expresarnos sin ser juzgados y  eso es lo más difícil porque siempre habrá alguien preparado para decir “no digas eso…”.  ¡Dejemos que diga lo que siente!
Y sobre todo piensa que, por muy feas y difíciles que se pongan las cosas, “el duelo es un proceso, no un estado” (Anne Grant), tiene su propio ritmo y movimiento, no es estático, puede evolucionar y a veces dar la sensación de retroceder a fases anteriores pero lo que le dará sentido al duelo será haber pasado por todo el proceso.

Sobre el autor

Almudena Lloret Campoy

Almudena Lloret Campoy

Psicóloga Colegiada: AN-06619
Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria
Master en Terapia de Conducta UNED
Experto universitario en Atención a Cuidadores de Personas Dependientes
Psicóloga Asociación Corazón y Vida

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Autoprotección emocional, Psicología de la Salud, Atención al cuidador y Duelo.

 

Más sobre mí...


Los primeros ocho años de mi vida los pasé en el Puerto de Santa María junto a sus playas y el pescaíto de la bahía, a partir de entonces me crie en Jerez de la Frontera, ciudad en la que nací y en la que crecí, entre sus caballos y volantes. De Cádiz me quedé con sus Carnavales y de Jerez con su Feria, amante de estas fiestas y de los momentos buenos que ofrece la vida.
Estudié la carrera de Psicología porque quería saber más acerca del mundo, un mundo gobernado por personas. Para ello me trasladé a Almería, ciudad desconocida donde abunda la buena gente, hasta llegar a Sevilla y convertirme en una enamorada de este lugar.
Adoro las buenas sensaciones, esas que se experimentan con los sentidos más allá de la razón. He aprendido a conocerme, a valorar mis virtudes y a aceptar mis defectos, a seguir aprendiendo para mejorar aquello que quiero cambiar. Esto me lo ha enseñado el día a día, la familia, los amigos y las personas con las que trabajo.
Creo en la bondad del ser humano y en que es posible pulirla para que brille, creo en la fuerza que tiene una sonrisa y creo en la fortuna de creer en los demás y en uno mismo.

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