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Affor, Prevención Psicosocial.

Opinando en nuestro blog

10 Consejos para optimizar tu tiempo

¿Siempre te falta tiempo y estás agobiado porque te quedan mil cosas por hacer?, ¿dedicas demasiado tiempo al trabajo y no te cunden las horas?, ¿te sientes estresado en tu día a día y no sabes qué hacer para ganar tiempo?

Una mala gestión del tiempo aumenta la sensación de ansiedad y estrés

infografía consejos para optimizar tu tiempo

Dedicamos gran parte de nuestra vida a trabajar, a resolver conflictos familiares o mantener nuestro hogar. Sin embargo, siempre queda la sensación de que podías haber hecho más o que te falta tiempo para acabar determinadas tareas. Es cierto, perdemos gran parte del tiempo en pequeñas cosas que nos alejan de nuestros objetivos. Esto genera un importante estrés y aumenta nuestra sensación de ansiedad, lo que a su vez frena la consecución de dichos objetivos y puede suponer una disminución en nuestra autoestima, dificultades para conciliar el sueño, malestar y un aumento de la agresividad, llegando incluso a una baja laboral, un despido, y un largo etc. Todo ello por no saber gestionar nuestro tiempo.

Las personas que saben organizarse y optimizar el tiempo son las que triunfan en la vida profesional y personal. Se conocen bien y conocen sus prioridades, tienen unos objetivos claros y optimizan el tiempo para conseguirlos. De esta forma, disfrutan de un mejor trabajo, mayor facilidad para alcanzar sus logros, más tiempo para el descanso, una autoestima mayor, mejores relaciones sociales y familiares, mejor calidad de vida, y son, en definitiva, más felices.

¿Cómo puedo optimizar mi tiempo de trabajo y tiempo de ocio para tener éxito y ser más feliz?

La gestión del tiempo depende de nosotros mismos y de nuestros hábitos, no se trata de fuerza de voluntad, sino de organizarnos y controlar aquellos estímulos que nos distraen. Para hacerlo de forma adecuada es necesario que tengamos claros los objetivos que queremos alcanzar y que estos sean razonables, proponer las actividades que queremos realizar para lograrlos y saber priorizar, dedicando nuestros esfuerzos a una tarea cada vez, posponiendo el resto, sin prisa pero sin pausa.

Además de esto, es necesario tener en cuenta una serie de pautas para optimizar el tiempo:

  • Crear una rutina realista, con metas a largo plazo y objetivos diarios que se dividan en pequeñas metas. Ajustando el plan de forma regular, revisando si cumplimos los objetivos, buscando donde está el problema y proponiendo soluciones.

  • Tener una agenda y organizarla, tratando de delimitar el tiempo para cada actividad y cumplir los horarios establecidos. Ajustar la agenda al final del día.
  • Evitar las redes sociales. A la hora de enfrentarnos a una tarea debemos evitar la distracción que suponen mirar el correo electrónico, tener el teléfono cerca o sumergirte en las redes sociales con la excusa de que será una mirada breve. Dediquemos un tiempo establecido para todo esto en horario de descanso y como refuerzo personal por los objetivos cumplidos.

  • Acotar reuniones. Es necesario que pongamos una hora de comienzo y de final a las reuniones, además de un orden del día, para no extendernos horas y horas en reuniones sin objetivos claros que terminan en charlas sin conexión con nuestros objetivos.
  • Ser flexible en la consecución de los objetivos, ya que siempre surgen imprevistos que complican retrasan las tareas y dificulta los objetivos por lo que generan estrés y nos bloquean, haciéndonos perder más tiempo y, por tanto, generando mayor ansiedad. Debemos tener presentes que hay que elegir distintas tareas, objetivos intermedios y cambiar de estrategias cuando sea necesario. Ser flexible es adaptarse.

  • Manejar el estrés. Aparecerá de forma inevitable y tenemos que saber controlarlo mediante sencillas técnicas de relajación que podemos aprender en el curso de herramientas de prevención y gestión del estrés ,  para afrontar las tareas con garantías de éxito.
  • No procastinar. Hay que seguir la agenda procurando resolver las cuestiones día a día, no dejando para mañana lo que puedas hacer hoy. Puede que te interese este curso.

  • Aprender a decir no. Así impediremos que nuestros deseos inmediatos, o los de las personas que nos rodean, nos desvíen de nuestro objetivo concreto. De esta manera evitaremos interrupciones que nos alejan de las metas y socavan nuestro ánimo para lograrlas. 
  • Sistematiza tu trabajo. Dedica tiempo a organizar lo que haces día a día y las herramientas que usas a menudo, te será útil recuperarlo cada día y ahorrará tiempo a largo plazo. Analizarnos y conocer cuáles son las horas en las que rendimos mejor para cada tarea también es importante.
  • Descansar es necesario. Tómate un pequeño descanso para beber agua, estirar las piernas o tomar el aire cada dos horas. Desconecta de las obligaciones cada cierto tiempo para retomarlas con mayor energía y motivación. Recuerda aquel leñador que cada día dedicaba más tiempo a cortar árboles y cada día conseguía menos leña porque nunca paraba a afilar su hacha.

En definitiva, conocerse y gestionar bien el tiempo, nos ayuda a lograr nuestros objetivos personales y profesionales, haciendo, por tanto, que seamos más felices.

“El tiempo no es oro, el oro no vale nada. EL TIEMPO ES VIDA”
J.L Sampedro.

 

Sobre el autor

Ignacio Sañudo Corrales

Ignacio Sañudo Corrales

Psicólogo Colegiado: AN-06617
Licenciado en Psicología, especialidad sanitaria
Máster en Terapia de Conducta UNED
Suficiencia investigadora (DEA)
Psicólogo Fundación Rocío de Triana

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en atención a familias y personas dependientes.

 

Más sobre mí...

Me llamo José Ignacio Sañudo Corrales, (José, por mi abuelo, al que nunca llegué a conocer y del que muchos dicen que tengo su carácter bromista y risueño; Ignacio, porque mis padres lo decidieron así) pero cierto es que todo el mundo me conoce como Nacho, ni mi madre me ha llamado “¡José Ignacio!” cuando tenía que reñirme.
Esta madre, cuando estaba embarazada de un servidor, allá por 1982, vivía en Linares, provincia de Jaén, y se fue a dar a luz a un pueblo de la sierra de Cádiz, Olvera, a poco menos de 300 km de distancia. Claro está, mi padre llegó tarde al parto (seguro que Freud tendría algo que añadir a esto).


Bueno, a lo que vamos, gaditano de nacimiento, nunca he vivido allí, pero creo que en la sangre algo queda, porque es una tierra que siempre apetece visitar. Cuatro años en Linares, cuatro en Jaén (siempre los recuerdo como los mejores de mi vida), seis en Granada y, a Sevilla en 1996, ha llovido ya... Todo ese recorrido ha dejado atrás pequeños trocitos de mí y, al mismo tiempo, me ha permitido recoger muchas experiencias vitales y saber que van quedando lugares y personas a las que volver.


En Sevilla fue donde decidí, circunstancialmente, todo sea dicho, estudiar psicología, ya que por aquel entonces, era la odontología lo que me atraía (no os preocupéis, yo tampoco lo entiendo a día de hoy). La facultad me permitió aprender lo básico de la psicología y mucho de las personas y de mí mismo. Sin duda, es ahí donde se hacen amigos para toda la vida y nos conocemos y definimos en gran medida. Al terminar, quedaba un gran vacío, qué hacer, qué pasaría ahora con las amistades, las clases, las horas de estudio, sería capaz de dedicarme a la psicología...


Después de estudiar oposiciones, hacer cursos y más cursos, expertos, master, cursos de doctorado, tesina, etc., y de trabajar como investigador y docente en la facultad, con personas con enfermedades mentales graves, con personas mayores y con personas en riesgo de exclusión social (como si las anteriores no lo fueran), tuve la oportunidad de trabajar con personas adultas con discapacidad intelectual, a lo que me dedico en la actualidad y disfruto con ello día a día.

 

Además de esta dedicación, mi mente inquieta (demasiado, dirán algunos, entre los que me incluyo) me llevó durante estos años a formar parte de distintos proyectos que considero de gran relevancia en mi vida personal y profesional: 1) la fundación de una asociación sin ánimo de lucro, en la que poder aportar a la sociedad un granito de arena desde mi profesión, Psicología Sin Fronteras- Andalucía- (mi arbolito plantado), a la que sigo vinculado a día de hoy, y 2) la creación de ImpulsoPsicología, un gabinete de psicología que durante más de 3 años nos dio a mi compañero/socio/amigo y a mí, la oportunidad de aprender muchas cosas que no se enseñaban en la facultad (contacto con profesionales, empresas, asociaciones, pacientes, familias…hasta tomar café con un grupo de mujeres con fibromialgia en una parroquia una tarde de verano). En ese tiempo, fue cuando conocimos Affor y decidimos involucrarnos en un proyecto que nos entusiasmó desde el principio. Desde entonces, mi desarrollo profesional (e incluyo personal, puesto que no creo que puedan o deban separarse) crece día tras día, al compartir experiencias con grandes profesionales, que me motivan, me despiertan, me nutren, me ayudan a progresar e incluso me preocupan, al pensar que no estoy a la altura de tanta profesionalidad. Todo ello me motiva y logra que me esfuerce cada día más para seguir creciendo y poder dar lo mejor de mí a cada persona con la que trabajo, ya sea paciente, cliente, alumno o compañero de trabajo (compañera quedaría mejor, ya que son mayoría).


En definitiva, por ir cerrando, reconozco que soy desorganizado (creo que quedará reflejado a lo largo del discurso), nervioso, algo terco y un poco impulsivo. Asumo que a mis 33 años sigo buscando mis talentos (más allá de salpicar agua con el dedo meñique del pie o correr hacia atrás a gran velocidad) y eso, aunque a veces me frustra, creo que es lo que me sigue empujando a mejorar día a día, a tratar de dar lo mejor de mí en cada momento y no desfallecer en el intento. Esto me permite decir que también soy una persona ingeniosa, trabajadora, resolutiva, puntual, sincera, entusiasta, deseosa de conocer cualquier lugar del mundo (y probar lo que haya de comer) y risueño, sobre todo risueño. Creo que el humor forma parte de mi vida y trato que las personas que me rodean puedan esbozar una sonrisa al pensar en mí. Y todo esto se lo debo a cada uno de los lugares en los que he estado y cada una de las personas que he conocido y con las que he compartido algún momento, eso es lo que me ha hecho ser quien soy. Ah! y mi abuelo Pepe, al que no llegué a conocer.

 


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