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Affor, Prevención Psicosocial.

Ana F. Chaves

Ana F. Chaves

Psicóloga Colegiada: AN-07176

Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria

Experta en Trastornos Psicosomáticos

Experta en Intervención Sistémica

Experta en Psicoterapia Dinámica

Perito psicólogo del Arzobispado de Sevilla

Perfil:

  • Psicoterapia sistémica y psicodramática.
  • Especialista en ansiedad, trastornos de alimentación (especialmente en ingesta compulsiva), conflictos de pareja, dependencia emocional y terapia familiar.

 

Mas sobre mí.....

 

Soy hija de madre sevillana y arqueóloga y padre jerezano dedicado al mundo del ladrillo, hermana mediana de dos varones. Vivíamos todos con mis abuelos maternos, que nos criaron junto con mis padres.
Fui una niña alegre, sensible y muy teatrera. Lo de teatrera es literal, ya que estuve hasta los veintisiete años en una escuela de teatro. Pero no corramos tanto. Antes de esto, en la encrucijada de la decisión tan mayestática de qué quería hacer con mi vida a los 18 años, tenía la gran duda de si dedicarme al mundo de los anuncios y estudiar Publicidad o al de las emociones y ser psicóloga. Sorprendentemente, incluso para mí misma, me decanté por la Publicidad. Creo que lo que me atrajo fue el mundo de la comunicación, de la visualización, de la relación con los otros, sin saber que eso mismo era lo que estaba buscando pero en la otra profesión.
La estudié, la acabé y me dediqué a ello. Sin embargo, cada día, cuando iba a trabajar, notaba que me faltaba algo. No voy a negar que el trabajo me gustaba porque mentiría, pero me faltaba cierta chispa, el brillo en los ojos que se siente al dedicarte a lo que realmente te llena. Así que una noche, después de haberle explicado a una gran amiga la espina que sentía al no haber estudiado Psicología, y al ver ella tan obvia la solución, tomé la decisión, y finalmente, me dediqué a la una de la mañana, con la ayuda de mi padre, a buscar la nota de selectividad para realizar la matrícula.
Estudié la carrera trabajando como publicista, mientras tanto me casé y estuve viviendo una temporada en Londres. Después volví, hice mis últimos exámenes y me convertí oficialmente en Psicóloga. El cambio fue doble: laboral y personal, pues para mi alegría me convertí en madre y me gustó tanto la experiencia que la repetí a los dos años.
En cuanto a mi profesión, la recompensa fue tan satisfactoria, y yo estaba tan empeñada en trazar mi camino, que comencé a trabajar rápidamente en lo que quería. Ahora sigo formándome constantemente, ya que en esta carrera el continuo reciclaje me parece fundamental. Cuando me siento con un paciente soy consciente de que tengo delante una persona que pide algo tan básico como ayuda, que tiene alguna pieza por dentro con necesidad de reparar. A veces es difícil encontrar esa pieza, otras salta a la vista, pero trato de actuar siempre desde el profundo respeto que siento hacia el valiente que se pone a trabajar desnudando su alma.
Trabajo con el dolor, las pérdidas y la tristeza, sí; pero también con la motivación, la ilusión y el afán de recuperación. Mi mundo en las sesiones se llena de lo que sé y mejor manejo. De colores, de lágrimas, de tareas, de esculturas, de piezas de puzles que comienzan a encajar, de enfados con uno mismo y con otros, de comunicación no verbal, de miradas, de suspiros, de emociones finalmente expresadas y de algunas sonrisas. 
Soy afortunada de decir que para mí se cumple el dicho de Confucio: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.

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